Running: mis zapatillas rosas molan

Correr, correr y correr. Ah, y también hacer running. Porque este anglicismo que hemos adoptado ha destronado a los ochenteros y noventeros footing y jogging… así que ¿por qué yo también os vengo a hablar del tema? Muy sencillo, porque tras haber leído el fabuloso artículo publicado en El País dedicado al running femenino me he convencido de que esto debe ser más que una simple moda. Que sí, que no puede ser casualidad que tantas mujeres estemos tan satisfechas por haber adquirido este hábito.

Mi experiencia, una más del montón, confirma todo lo que se ha podido decir sobre esta disciplina y aunque puede sonar a tópico me voy a animar a contarla.

Érase una vez…

Comencé a correr pasados los treinta y partiendo de una base muy pero que muy baja, de llevar una vida poco o más bien nada deportiva. Mi objetivo no era otro que tener las piernas a tono y me pareció a priori la solución más eficaz y rápida.

Así que poco a poco, con entrenamientos que ahora me parecen ridículos de correr a ratos y andar a otros, comencé a ser constante en los entrenamientos y alargarlos poco a poco, pasando de unos iniciales dos sofocantes kilómetros a lo que se convirtieron en 5 y luego 8, 10 ó 12 de agradables recorridos por toda la ciudad. De verdad chicas, una se sorprende de lo bien que va dando de sí el cuerpo. Y lo que es más, lo más increíble, al menos en mi caso, ver con orgullo el avance de las piernas, que cada vez se van haciendo más fuertes y estilizadas.

La flota zapatillera

La flota zapatillera

Pero como no todo tenía que ir rodado, cuando llevaba acumulados más de dos años de entrenamientos seguidos y había incluso participado en carreras populares, pinché. Ohhh. Desoyendo los consejos sobre no forzar al cuerpo, me estaba preparando para correr la Behobia-San Sebastián y por lo visto me sobreentrené, así que tuve que parar por recomendación (obligación diría) médica. Sí, cinco largos meses de parada. Al menos han sido los de invierno (punto a favor de pinchar en noviembre).

¿Estamos hablando del fin de la vida deportiva? ¡Para nada! Todos mis temores sobre la vuelta se esfumaron el primer día que volví al asfalto. Estaba incluso nerviosa cuando calentaba, ¿habré perdido todo el fondo? ¿tendré que empezar de cero como hace dos años? ¿volveré a pinchar? ¿debería dejar esto y pasarme al Pilates? Nada de eso, pude experimentar que el cuerpo y los músculos tienen memoria, y que, si no te excedes y escuchas al cuerpo, este te va a responder favorablemente.

Por eso, cuando el jueves leía las historias tan variopintas de estas mujeres runners, desde la pionera y valiente Kathrine Switzer, la todoterreno Cristina Mitre o la alegre y sin complejos Alessia Rodi, me sirvió para reconfirmar que esta ola femenina no va a ser algo pasajero, ha venido para quedarse como forma de vida, que por cierto, es totalmente compatible con la mayoría de las agendas y circunstancias personales.

Así que me despido en plan semi-pesado semi-puñetero: ¿seguro que tú no estás hecha para correr? 

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